domingo, 22 de marzo de 2026

                              Coahuayana: La Leyenda de la Maringola



Sinopsis: El susurro eterno entre el olvido y la venganza


En las tierras cálidas de lo que hoy son Colima y Coahuayana, Michoacán; donde los volcanes custodian los secretos del pasado, late una historia que el tiempo no ha podido borrar. No es solo el relato de un amor prohibido en el siglo XVII; es la crónica de una pasión que desafió las castas, las leyes de la Iglesia y la crueldad de los hombres.


¿Qué sucede cuando un amor es tan vasto que ni la muerte ni la injusticia lograron sofocarlo?


Hoy nos adentramos en la leyenda de Don Luis de Solórzano y Mariche, una hermosa mujer cuyo nombre pasó de ser un susurro enamorado a un grito de justicia en la oscuridad: la Maringola. Entre huertas de cacao, arroyos de aguas cristalinas y un pacto sellado en el umbral del infierno, les presento una versión literaria de este mito fundacional que todavía hoy, bajo el amparo de la luna, hace eco en el galope de un jinete fantasma y el llanto de una sombra blanca que aguarda al pie del camino.


Acompáñenme a descubrir por qué, en el cruce de los viejos caminos del Camalote, Palos Marías y Achotán, el destino sigue siendo una condena que se repite año tras año.


I. Mariche: Entre el Cielo y el Infierno 


En el año de gracia de 1616, la Villa de San Sebastián de Colima apenas era un puñado de noventa casonas que exhalaban el polvo de la historia. Cada domingo, el silencio de sus calles se rompía con el rítmico latir del tianguis; un caleidoscopio donde las sedas y tafetanes de la Nao de China, vestidos por altivas españolas, chocaban con la pureza del algodón de los huipiles indígenas. 


Entre el olor a incienso de la misa y el aroma a cacao fresco, el amor solía manifestarse en el vuelo de un pañuelo caído, desafiando la mirada inquisidora de una sociedad encadenada al prejuicio.


Pero tras los muros de una de las fincas más ricas, el aire era denso y amargo. Doña Mariana de Silva, sentada en su trono de madera labrada, contemplaba la silueta azul de los volcanes mientras las lágrimas surcaban su rostro ajado por el desdén. Don Luis, su esposo, le había arrebatado el sueño. Ya no era el deseo fugaz por una mulata lo que la hería; esta vez, el corazón de su marido le pertenecía a una india.


Amaneció bajo un llanto de nubes. Mariana sostenía una infusión de canela, intentando calentar un alma que el hielo de los celos había cristalizado. —Qué fácil es para un hombre saltar del paraíso al infierno sobre las ruinas de los sueños de una mujer— pensó, mientras observaba la silueta de la iglesia recortada contra el cielo plomizo.


Decidida a transformar su dolor en justicia —o en una venganza con aroma a incienso—, cruzó las calles anegadas hasta la sacristía. Allí, frente al Bachiller Barroso de Vera, un hombre de gestos suaves pero juicio severo, Mariana desnudó su tragedia: don Luis de Solórzano mantenía un amasiato escandaloso con María de Arciniega, a quien todos llamaban Mariche.

El sacerdote, buscando una salida terrenal, sugirió el divorcio. Pero Mariana, presa de su propio orgullo, se negó. No entregaría su fortuna ni permitiría que las damas de la villa se burlaran de verla suplantada por alguien que ella consideraba de «raza inferior». Así, en un pacto sellado entre la desilusión y el dogma, condenaron a los amantes al destierro de la ley.

Mariche quedaban bajo juicio por amancebamiento. Ella se entregó con la mansedumbre de quien nada teme porque ya lo ha dado todo, y fue encerrada en casa de Hernando de Betancourt, bajo pena de excomunión para quien osara romper su silencio. Pero el amor no entiende de rejas ni de multas de oro.

Bajo el amparo de las sombras, don Luis se convirtió en un fantasma que desafiaba a Dios y al Rey. Ayudado por su propio hijo, Cristóbal, lograba burlar la vigilancia para fundirse en los brazos de Mariche. Se decía que en su cercana huerta de Xicotlán vivían como si el mundo no existiera, y que él la llevaba en las ancas de su caballo por todos los pueblos cercanos con el orgullo de quien porta una corona, recorriendo juntos en muchas ocasiones  las playas del Mar del Sur.

Cuando el tribunal eclesiástico mandó llamar a Mariche para su confesión, sólo encontraron una habitación vacía. Había escapado hacia la libertad del monte. Durante cuatro meses, la pareja vivió a salto de mata, convirtiendo la adversidad en el combustible de su pasión.

—Mira, Luis, yo soy rica— le decía ella arropada por el manto de las estrellas. —Tengo el sol que me calienta, la luna que me guía y una madre tierra que me alimenta. ¿Que más puedo pedir? Nada de eso me lo quita la fortuna de tu esposa. Solo me faltabas tú para que mi vida fuera un canto divino completo.—

Mariche no poseía los lujos de Mariana, pero su risa era un rayo de luz que disipaba las tinieblas dentro del alma de Don Luis. Él, que en su esposa solo encontraba vanidad y exigencias, halló en la india la paz de los arroyos y la fuerza de la tierra.Sí, era un amor genuino que se enraizó poco a poco muy dentro de su corazón.

II. El Beso de la Despedida y la Sombra de la Traición

Los meses más dulces de sus vidas transcurrieron en el Valle de Alima, conocido ahora como Coahuayana; un edén donde el tiempo parecía haberse detenido para protegerlos. Entre las huertas de cacao de Achotán y la estancia ganadera de Chacalapa, Luis y Mariche vivieron un idilio que desafiaba a la Corona y a la Iglesia. Sin embargo, el destino, celoso de una felicidad tan pura, comenzó a tejer su red de sombras.

Un día, la necesidad —esa mano invisible de los negocios— obligó a Don Luis a partir hacia Xicotlán. Mariche, cuyo instinto estaba anclado a la tierra y a los presagios, le suplicó que no se marchara. Antes de montar, se fundieron en un beso desesperado, un roce de labios que sabía a despedida eterna, como si ambos presintieran que sus almas no volverían a tocarse en este plano de los vivos.

Tras diez horas de cabalgar por veredas serpenteantes, el agotamiento rindió a Don Luis. Al llegar a su casa en la huerta, el sueño lo venció apenas tocó el lecho. No despertó con el canto de las aves, sino con el frío metal de los grillos apresando sus manos. Las autoridades, agazapadas como lobos, lo espiaron y lo capturaron para llevarlo a una fría y lúgubre celda en la Villa de Colima de la que jamás saldría con vida.

III. El Martirio en el arroyo de Amatique

Mientras Don Luis languidecía tras las rejas, el Alcalde Mayor, Renato de Ibarra, movido por el miedo a perder su prestigio ante la Real Audiencia, ordenó una cacería clandestina. Sus alguaciles, hombres de alma oscura y manos manchadas de sangre, rastrearon a Mariche y transgrediendo los límites de su jurisdicción penetraron como delincuentes al territorio de la Alcaldía de Motines.

La encontraron en lo que ahora conocemos como el Tanque de Mendoza, un paraje de vegetación exuberante donde el agua del arroyo Amatique corre cristalina. Mariche se bañaba, ajena al mal que acechaba entre los helechos. Al ver su cuerpo desnudo, por el que corrían gotas de líquido vivificante que la besaban con deleite bajo el sol complice del mediodía; la lascivia suplantó a la ley. Aquellos hombres, la capturaron y como bestias en brama, abusaron de ella repetidamente. Ni sus lágrimas ni sus ruegos conmovieron sus corazones de piedra.

Para silenciar su crimen, decidieron que la muerte era la única cómplice segura. Mientras preparaban el lazo para ahorcarla, Mariche, sintiéndose abandonada por el Dios de los blancos, lanzó un grito que estremeció la selva. En su lengua materna, el náhuatl, ofreció su alma al señor de las tinieblas a cambio de una sola cosa: venganza. Pidió retornar de la muerte para dar caza a todos los hombres de bajos instintos que osaran cruzarse en su camino.

IV. La Eternidad de la Maringola

La petición fue escuchada. Don Luis murió en su celda, llamando a Mariche entre susurros, rogando a Cristo que la protegiera sin saber que ella ya era parte del mundo de las sombras. Desde entonces, el amor que se tuvieron se convirtió en un eco que atraviesa los siglos.

Dicen los lugareños que, una vez al año, el silencio de la noche en el viejo camino entre Achotán y El Camalote se rompe por el galope rítmico de un caballo invisible. Es el fantasma de un hombre vestido a la usanza antigua, que cabalga con el corazón roto buscando a su amada. Al pie de un árbol colosal, una joven vestida de blanco lo espera llorando sin consuelo.

Pero la tragedia no termina ahí. En un acto de crueldad infinita, el diablo se manifiesta en la cima de un cerro cercano. Con una carcajada que hiela la sangre, permite que los amantes se vean a la distancia, y cuando ya están cerca el uno del otro les impide tocarse, manteniendo vivo el hechizo de su separación.

Hoy, a Mariche ya no se le llama por su nombre, sino por el que infunde terror en los malvados: La Maringola. Su risa, que antes fue luz para Don Luis, es ahora un anuncio de muerte para los violadores y asesinos que se atreven a profanar sus dominios bajo el manto de la noche.

Reflexión Final: El Eco de lo Injusto

Al final, la leyenda de Mariche es mucho más que un relato de aparecidos en los caminos de Michoacán. Es el recordatorio de que el amor, cuando es genuino, no entiende de jerarquías ni de leyes impuestas, pero también es el testimonio de cómo el dolor y la injusticia pueden transformar la pureza en una fuerza implacable de justicia.

Hoy, cuando el viento sopla entre los árboles de chico y el eco de un galope lejano nos eriza la piel, no debemos sentir miedo por los fantasmas, sino por la oscuridad que aún habita en el corazón humano. Mariche, o la Maringola, no es una villana; es la guardiana de una verdad que la historia oficial intentó borrar. Mientras don Luis siga cabalgando y ella siga esperando bajo el árbol, su historia nos seguirá diciendo que, aunque el diablo se interponga en el cerro, hay sentimientos que son, sencillamente, eternos.

¿Y usted, alguna vez ha sentido esa presencia en la oscuridad del camino? Los leo en los comentarios.

“Escrito por Carlos Gómez Mayo, rescatando las voces de nuestro pasado para las nuevas generaciones digitales.”


miércoles, 18 de marzo de 2026

 Coahuayana: Los Misioneros de 1778, Una Luz de Esperanza y Redención

Eje Tematico: Religión en la Costa Michoacana


Periodo: Siglo XVIII





Sinopsis: "En 1778, el silencio de las rancherías de Tlacuahuallan se vio interrumpido por el marrón de los hábitos franciscanos. Entre chozas de zacate y el calor húmedo de la costa michoacana, tres frailes iniciaron una labor que transformaría para siempre la estructura social y espiritual de la región. Esta es la crónica de un encuentro de mundos bajo el resplandor del sol a mediodía, donde la fe y la resistencia se tejieron bajo la sombra de la Sierra Madre."


Habían pasado apenas 19 años, desde el dia de la fundación de Coahuayana, cuando la fortuna, la siempre caprichosa fortuna condujo los pasos de Fray Juan Domingo Arricivita a esta zona de la costa michoacana, lo que le permitió ser testigo y partícipe directo de los hechos que observó y anotó en y  fueron publicados 14 años más adelante, en las páginas 596 y 597 de su magnífica obra CRÓNICA SERÁFICA Y APOSTÓLICA DEL COLEGIO DE PROPAGANDA FIDE DE LA SANTA CRUZ DE QUERÉTARO DE LA NUEVA ESPAÑA, publicada en 1792 por Don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, que dice lo siguiente: 


 " Por septiembre del año del setenta y ocho salió del Colegio el Padre Comisario y Prefecto de las Misiones, en cumplimiento de sus oficios, con otros dos Compañeros, y no teniendo lugar destinado para exercitar el ministerio, se presentó al Illmo. Señor Obispo, para que les enviara a donde le pareciera más necesario, lo que S. Illma. hizo por un Despacho que les dio para los Curas en el que se dice: " Acordamos destinarlos a la Villa de Colima, sus inmediatas Jurisdicciones; y aun las más remotas que caen a la parte del Sur; porque no sin dolor de nuestro corazón, estamos cerciorados, así de la corrupción de costumbres y escándalos que se experimentan en la expresada Villa, como de que no hay memoria entre los actuales vivientes, de que en muchos de los mencionados territorios se haya hecho alguna misión evangélica". Salieron los Misioneros de Valladolid, y caminando con doblados trabajos por la continuación de las lluvias, se vieron precisados a hacer misión en Vaniqueo, a la que acudieron de todos aquellos contornos y en treinta días trabajaron incesantes en el Púlpito y Confesionario."

"De allí prosiguieron a su destino, y muy cerca ya de Colima, supieron que hacía la Costa y veinte leguas de distancia, había una Población de gente sin Sacerdote ni Doctrina, y viviendo en una libertad casi pagana; y siendo muy cálido su clima, determinaron lograr el Invierno, como tiempo  más oportuno para socorrer la urgente necesidad de aquellas almas. Por muy incómodos caminos y plagas del temperamento llegaron al paraje que llaman Tlacahuallan, (nombre antiguo del pueblo de Coahuayana) y fueron recibidos con mucha veneración de los viejos, y admiración de los mozos, casi espantados de ver el trage de los Religiosos, y algunos preguntaban a sus padres si aquellos hombres era Christianos. Esta es una Colonia que tuvo principio por haber dado fondo en un Puerto que llaman San Telmo, que está en el bogeo de la costa que baxa a Acapulco, una embarcación Francesa, el año de setecientos quarenta y seis, por lo que mandó el Señor Virrey se pusiese para resguardo una Compañía de Lanceros. Esta se estableció como seis leguas de la Costa al pie de un altísimo cerro que sirve de vigía, y a orillas de un río que arriba llaman de Tuzpa; y sembrando algodón en los pedazos de tierra que desmontan, se da de muy buena calidad, y con abundancia, por lo que todos los años tienen su feria, a la que acuden muchos, y de ellos se quedan bastantes en la misma negociación: pero son muchos más los que se agregan de todas clases, castas y condiciones, o por la impunidad que allí tienen, o por la libertad que el parage les franquea, pues dispersos por aquellos montes, se aprovechan de las frutas de la tierra, maíz que todo el año se da, y la tuba y aguardiente de coco que hacen, y asi, viven dueños de su albedrío, sin Rey y sin Pastor, ni oir Misa, y sin socorro espiritual de sus almas. Consiste esto, en que siendo muchas y muy graves las enfermedades que les causa el sumo calor, las frutas y desordenadas vidas; cuando se ven agravados de ellas, son muchas las dificultades que se ofrecen para que el Cura de Iztlahuacan, que es el más cercano, y dista diez leguas, pueda ir a confesarlos, por lo que muchos mueren sin Sacramentos, o ya porque el Cura no puede asistirlos, o porque los caminos se ponen intransitables por las lluvias, o ya porque el caudaloso y rápido río no da en muchos meses vado. El mismo peligro tienen las mugeres en sus malos partos; las criaturas que nacen enfermas, pues aunque alguno de aquellos las bauticen, como todos carecen de instrucción y doctrina, es preciso que en estos casos se ofrezcan muchas dudas; y todos aquellos habitadores en los repentinos accidentes de animales ponzoñosos, caídas y otros desastres que son muy continuos, mueren sin socorro espiritual alguno."


"Todas estas circunstancias hicieron que la misión fuese muy fructuosa, y que las voces de los Misioneros en aquellos desiertos hiciera entrar en los caminos de los divinos preceptos a tantos descaminados Christianos. Todos oían con asombro, los sermones, doctrinas y exemplos, y cómo los Padres les decían que no habían de salir de allí hasta que todos se confesaran, lo hacían con toda diligencia; y era de admirar que dormían a la puerta de la Capilla para conseguir lugar en el Confesionario, y todos asistían a la Misa, Via-Crucis y otras devociones con empeño, y el ver la frequencia de los Santos Sacramentos, con muestras de dolor y arrepentimiento de sus culpas. Ni los que estaban por aquellos montes imposibilitados y enfermos, quedaron sin consuelo, pues iban los Misioneros a confesarlos y olearlos en sus Ranchos, de los quales enterraron algunos, bautizaron los párvulos, y casaron algunos, con la licencia de su Párroco. Resonó el clarín del Evangelio por todos aquellos páramos, y a sus voces baxaron muchos de Maquili y Pomaro, todos con el anhelo de oir los sermones y confesarse, y lo mismo hacían los de la costa abaxo, viniendo de más de quince leguas por caminos muy fragosos, y entre ellos un Español de más de cien años: de suerte, que en el mes que duró la misión, se confesaron y comulgaron más de setecientas personas."


"Mucho dolor era dexar a tantas almas en el desamparo que antes estaban, sin doctrina, ni Sacramentos, y para solicitarles el remedio le hizo el Padre Comisario al Capitán, que le formara un exacto padrón de todos los que allí estaban agregados, poniendo en él sus estados, sexos y edades, y por el resulto haber en el vecindario de Tlacahuallan, noventa y dos familias de casados, y que estos, sus hijos, viudos, viudas, sus hijos y los solteros componían trescientas y nueve personas. Con esta razón, y la expresión de la distancia al Cura mas cercano, y de las dificultades que había para el socorro de aquellas almas, y los peligros en que estaban de perder su eterna salud, consulto al Ilmo. Señor Obispo, suplicándole se sirviese de ponerles allí un Ministro de pie fixo, pues aquellos habitadores contribuian suficiente congrua a su manutención. Su Illma. mando formalizar el expediente, y por el ordenó que fuese un Sacerdote que como Vicario del inmediato Cura, estuviese allí de pie, y administrase los Santos Sacramentos a aquellos Colonos, lo que se executo, y hasta el dia presente dura."


Comentario Final:


"Mirar esta recreación de 1778 nos permite entender que la historia de Coahuayana no se escribió solo con decretos reales, sino con el contacto humano directo. Los frailes franciscanos no solo llevaron la confesión; trajeron consigo una nueva organización que, para bien o para mal, cimento las bases de nuestra identidad actual y nos dejaron, tal vez el culto a San José nuestro santo patronal. Rescatar estos momentos del olvido es devolverle el rostro a nuestros antepasados, quienes, entre el mar y la montaña, comenzaron a forjar el destino de lo que hoy llamamos hogar."


martes, 17 de marzo de 2026

 Isabel de Monjaraz y la Sombra de la Crueldad en el Valle de Alima (1587)

Un hallazgo revelador en el Archivo General de la Nación

Eje Tematico: Justicia Colonial y Género.

Periodo: Siglo XVI



Sinopsis:

Detrás de la imagen de los “primeros pobladores” españoles en la costa michoacana, se esconde una historia de violencia y poder absoluto que el tiempo no pudo borrar. Este artículo analiza un documento excepcional de 1587, emitido por el Virrey Álvaro Manrique de Zúñiga, que pone bajo la lupa de la justicia colonial a Isabel de Monjaraz, la primera mujer española en establecerse en el Valle de Alima junto a su marido, el conquistador Manuel de Cáceres.

A través de una transcripción paleográfica inédita, descubrimos los detalles de una provisión virreinal que estremece por su crudeza; acusaciones de tortura y la muerte de al menos ocho mujeres indigenas a manos de Monjaraz. El documento no solo narra los castigos inhumanos aplicados en su casa de recogimiento, sino que revela la orden directa del Virrey para exhumar los cuerpos y encarcelar a la acusada. Después de esta breve introducción pasemos a la transcripción del documento.

Anotación al costado izquierdo:

Comisión (al) Alcalde Mayor de la Villa de Colima para recibir información contra Isabel de Monjaraz.

Texto:

Don Alvaro Manrique Vuestra Excelencia, hago saber a vos, el Alcalde Mayor de la Villa y Provincia de Colima, que por parte de Diego de Contreras vecino de ella, me ha sido hecha relacion que en la dicha Villa, esta una mujer llamada Isabel de Monjaraz, que por ser rica a mas de cuarenta años que se sirve de indios e indias con los cuales usa de tanta crueldad que muchos de ellos han muerto con los malos tratamientos que les hace, especial que teniendo a su servicio una india llamada Angelina que por solo se le huyo por no poder sufrir la mala vida que le daba, sabiendo la (a) hecho volver a su casa y la castigo tan bravamente que le quemo los pies con manteca ardiendo de que quedo coja y lisiada y que despues la misma india con otra llamada Juana, herrada en la cara, que tambien estaba coja, con dos muchachas indias llamadas Marías, por los mismos malos tratamientos se volvieron a huir podra hacer un año; habiendolas hallado con sus negros y criados, las llevo a una hurta de cacao donde vive, las castigo de tal suerte que es publico y notorio que las mato a palos porque desde entonces se han desaparecido que no las han visto mas, sino fue a la dicha india Juana que ciertos indios la hallaron muerta cerca de un río que pasa junto a las dichas casas de la huerta metida en un arcabucal (matorral) y que lo mismo se entiende de las otras que no parecen (aparecen) y que una muchacha de edad de once años la mato de un golpe que le dio con un palo en la cabeza y la enterraron en el pueblo de Tapistlan hechando fama (propagando rumores) que se habia muerto de una coz de un caballo y que hace otras crueldades dignas de mucho castigo y me pidieron mandase hacer averiguacion de ello y castigar los dichos excesos y por mí visto, por la presente, os mando que con toda diligencia y secreto como en caso tan grave persiguiereis, procedais luego a hacer informacion y la hagais contra la susodicha de las muertes que  contra los los dichos castigos crueles ha hecho y cuantos indios o indias han perecido (muerto) con ella o quedado lisiados y donde fueron enterrados y eran naturales, haciendo para ello todas las diligencias y prevenciones que convengan, hasta verificar la verdad y los que parecieren culpados, les prenderéis sus cuerpos y pondréis a buen recaudo, los pondréis en la cárcel pública, de manera que no se ausenten y esto hecho dentro de cincuenta días primeros siguientes en diligencia me daréis aviso para en el caso proveer lo que convenga, que para todo ello y lo de ello anexo y dependiente, en lo que es necesario; poder os lo doy cumplido, cuál de derecho se requiere. Fecho en México a ocho días del mes de junio de mil y quinientos y ochenta y siete, el Marqués por mandado de Vuestra Excelencia, Juan de Cueva.

Ubicación Geografica de los Hechos:

Tras consultar varios documentos del Archivo Histórico del Municipio de Colima AHMC se ha logrado encontrar el lugar en el que se desarrollaron estos funestos acontecimientos y desde las alturas del Cerro de los Angeles en donde ahora se encuentra el pueblo de Santamaría de Miramar, se observa mirando hacia el Oeste, el sitio aproximado en el que estuvo la huerta de cacao de Salaguacan, lugar en el que estuvieron las casas de vivienda de Isabel de Monjaraz, el pueblo indigena de Tapistlan y la huerta de cacao de San Miguel que tambien perteneció a esta cruel española.



Comentario Final:

"La transcripción de este documento de 1587 nos obliga a mirar de frente los cimientos de nuestra historia regional. Más allá de la fundación de villas y la economía del cacao, el archivo revela las voces silenciadas de Angelina, Juana y las Marías, víctimas de un sistema donde la riqueza a menudo compraba impunidad. La intervención directa del Virrey Álvaro Manrique de Zúñiga subraya que, incluso en los rincones más remotos de la costa michoacana, la justicia colonial intentaba poner límites a la sombra de la crueldad. Recuperar estos nombres hoy no es solo un ejercicio de paleografía, sino un acto de memoria histórica."


El autor del artículo es Carlos Gómez Mayo, Investigador Independiente y Cronista Comunitario de Coahuayana, con seis libros digitales publicados en Calameo y con dos aportaciones que vieron la luz en la revista “Colima en el Tiempo” en sus números 4 y 6 patrocinada por el INAH Colima, una revista en la que solo publican los mejores historiadores e investigadores de ese bello Estado.


lunes, 8 de febrero de 2021

Chamila, Colima; y el bisnieto del Emperador Moctezuma


                                                              Autor: Carlos Gómez Mayo 

En el año de 1607 fue creado el curato de San Salvador Chamila, compuesto por los pueblos indígenas de Ecautlán, Tamala, Ixtlahuacán, Zinacamitlán, Xolotlán y Chamila que actualmente pertenecen al Estado de Colima y cuatro pueblos más que fueron Tezeguacán, Alima, Tlapistlán y Tlacuahuayan que existieron en lo que ahora es el territorio del actual municipio de Coahuayana, Michoacán; todas estas comunidades le fueron segregadas al antiguo Partido de Tecolapa, que en su momento de máximo esplendor se extendía desde la margen sur del rio de Armería hasta las montañas de la Sierra de Maquili.

El licenciado Baltazar Ramírez de Alarcón fue el primer sacerdote asignado a la parroquia de Chiamila y estuvo a cargo desde 1607 hasta 1612, su lugar fue ocupado por el Bachiller Gaspar Castelán desde el 4 de noviembre de ese año hasta el día de 17 marzo de 1642, fecha en la que falleció.


Para cubrir su lugar el obispo de Michoacán fray Marcos Ramírez de Prado publico una circular solicitando opositores, presentándose los sacerdotes Juan Mendez de Sandi, Juan Peñaflor y Antonio Moctezuma Cervantes todos ellos con gran experiencia en el desempeño de sus obligaciones administrativas y eclesiásticas, pero al final tomo la decisión de enviar a otro distinto que fue el Bachiller Juan del Castillo Bastida quien estuvo en el cargo hasta 1646 y enseguida lo suplió Cristobal Fernández de Tène de 1647 a 1648.


Don Antonio Moctezuma Cervantes, tuvo que esperar hasta el año 1649 en el que fue el elegido como titular de la parroquia de Chiamila.


Después de esta breve cronología sobre los primeros sacerdotes a cargo del curato en cuestión, pasamos al análisis del currículum que presentó el licenciado Antonio Moctezuma en 1642, en el que además de su experiencia de 17 años, sirviendo en distintos curatos como Sivinan, Tinguindin, Pénjamo, Armadillo y Arantzan; destacan algunos datos de su genealogía que lo relacionan por ambos de sus progenitores con personajes muy importantes de la historia de la Nueva España, que a pesar de ser mestizo en aquellos tiempos en los que la Iglesia tomaba en cuenta la pureza de sangre española le otorgaron privilegios negados a otros de su clase.


De la información personal que entregó, he tomado un fragmento de su ascendencia paterna para compartirlo con ustedes.


…”el Bachiller Antonio Moctezuma Cervantes consta ser hijo legitimo de Don Fernando Sotelo Moctezuma y Doña Maria de Cervantes su mujer y el dicho Don Fernando su padre hijo legitimo de Diego Arias Sotelo regidor más antiguo de la Ciudad de México, de los primeros pobladores de esta ciudad y de Doña Leonor Valderrama Moctezuma su legitima mujer y la dicha Leonor hija legitima del capitán Cristobal de Valderrama y Doña Leonor Moctezuma y el dicho capitán uno de los primeros conquistadores de esta Nueva España y que ayudó en todas las acciones varonilmente al señor Marqués del Valle Don Fernando Cortez y la dicha Leonor su abuela, hija legitima del Emperador Moctezuma y de la Señora Acatlán hija del Rey de Soconusco y el dicho Emperador Moctezuma su bisabuelo fue casado en la antigüedad a su usanza con la dicha Señora Acatlán y no tuvieron más de dos hijas que fue la dicha Doña Leonor y Doña Maria que murió sin casarse.


Consta haber el dicho su bisabuelo el Emperador Moctezuma, haber amparado al dicho señor Marqués del Valle y a sus soldados, en sus palacios; sustentándolos, amparándolos y defendiéndolos que no los matasen sus vasallos por cuya causa vino a perder la vida y el señor Emperador Carlos Quinto de feliz memoria haber declarado al dicho Emperador Moctezuma por mayor conquistador que al dicho señor Marqués del Valle …”


Don Antonio Moctezuma Cervantes estuvo como sacerdote de la parroquia de Chamila, Colima; desde 1649 hasta 1652, no sabemos casi nada sobre su desempeño laboral pero gracias a el hoy conocemos el nombre de la ultima Emperatriz Azteca, la Tactli Cihuatl Acatlán, la hija del Rey del Soconusco.



domingo, 7 de febrero de 2021

La leyenda del Gentil

 

                                                             

                                                             Autor: Carlos Gómez Mayo

Desde los albores del siglo XVII hasta el año de 1815, el Galeón de Manila, establecio una ruta comercial entre el puerto de Acapulco y las Islas Filipinas, La plata extraída en la Nueva España, era cambiada en la ciudad de Manila por productos asiáticos entre ellos, telas de seda, figuras de marfil y especias cómo el clavo y la canela.


Aunque el trayecto era difícil y peligroso, generaba tanta riqueza, que llamo la atención de otros países enemigos de España y se armaron flotas de barcos piratas que se convirtieron en el terror de los mares del sur.


Una de ellas, de origen holandés, bajo el mando del almirante Joris Van Speilbergen, compuesta de 6 embarcaciones, entre las que destacaba la nave capitana, llamada Groote Sone (El sol) armada con 28 cañones, llego al puerto de Acapulco el 11 de octubre de 1615, con la mayoría de sus 650 tripulantes enfermos de escorbuto y aunque fueron recibidos con disparos de advertencia, no se retiraron y mandaron una comisión para pactar una tregua que fue aceptada por el comandante Fernández de Córdoba. Speilbergen duro 7 días en ese puerto y tan pronto adquirió alimentos y agua, cumplió su parte del trato y le entregó al comandante Fernández, 20 prisioneros españoles que capturo en sus asaltos en las costas de Chile y del Perú.


El 18 de octubre levaron anclas y partieron con destino al puerto de Salagua de la distante Provincia de Colima.


Habían pasado 3 días de navegación y frente a una diminuta bahía de la costa michoacana, los navíos fueron anclados, para que un grupo de hombres fueran a tierra a cazar venados, pero uno de ellos, de enorme estatura al que apodaban Pichelingue por su torso descomunal y piernas cortas, que le daban un aspecto de simio, se negó a obedecer y agredió al almirante, siendo sometido poco después por sus compañeros que le ataron las manos por la espalda y lo encerraron en un camarote.


Antes del anochecer, prosiguieron su viaje y al aparecer los primeros rayos de sol del siguiente día, el rebelde fue juzgado y condenado a muerte.

Al mediodía, frente al puerto de San Telmo, fue sacado de su prisión y llevado a la tabla de la que sería arrojado a las enfurecidas aguas del mar.

Cuando sus pies la tocaron, volteo a verlos y les grito:


"Malditos, volveré del mas allá para matarlos a todos"- luego soltó una espeluznante carcajada y se lanzó, siendo engullido inmediatamente por el océano.


El almirante, ordenó el reinicio del viaje y el 10 de noviembre desembarcaron en el puerto de Salagua en donde tuvieron un sangriento combate con los españoles bajo el mando de Sebastian Vizcaíno, en el que ninguno pudo adjudicarse la victoria.


 Con algunos de ellos heridos, los piratas se fueron a la bahía de Tenacatita, Jalisco, y después de reparar sus naves emprendieron el regreso a Holanda, para nunca volver.


Cuenta la leyenda que el pirata ejecutado, hizo un pacto con Satanás y que este le permite, salir del infierno cada año, para recorrer la playa desde San Telmo, Michoacán; hasta Tecuanillo, Colima; en busca de sus asesinos, pero al no encontrarlos, calma su coraje capturando y ahogando en las aguas del mar a cualquier hombre que encuentra en su camino.


Si te gusta pescar o acampar de noche en la orilla del mar, ten cuidado; ese monstruo al que ahora llaman El Gentil, es el pirata vengador, un gigante de pelo, bigote y barba blanca, del que pocos, muy pocos; han logrado escapar.