domingo, 10 de mayo de 2026

 Colima: Proceso de Excomunión en Caxitlán (Año 1683)


El día de hoy, me permito presentar a ustedes la paleografía y análisis de un documento resguardado en el acervo del Archivo del Antiguo Obispado de Michoacán, pero que pertenece a la historia del Estado de Colima

Que nos muestra el Conflicto Iglesia-Estado, ilustrando la lucha de poder entre las autoridades reales (el Alcalde Mayor) y el clero local (el cura Beneficiado) por el control y la autoridad en la región y nos da una visión de cómo se realizaba un proceso de excomunión, destacándose en él lo siguiente:

El Conjuro: Comienza a leer en latín. Los sirvientes, ignorantes del idioma, solo alcanzan a entender los nombres "Dathán y Birón" (figuras bíblicas que fueron tragadas vivas por la tierra tras rebelarse contra Moisés). Esto subraya el miedo que el cura quería infundir.

Las Maldiciones: Lanza "muchas maldiciones", escupe y echa agua bendita, declarando a todos y a todo excomulgados.

El Clímax: Apaga la vela con ira contra un horcón (un poste de madera) de la casa. Este es el acto simbólico final del anatema: "apagando candela", simbolizando la expulsión de la luz de la Iglesia.

Revela el Poder del Ritual y el Miedo: Demuestra cómo la Iglesia utilizaba el miedo a la condenación eterna para manipular a la población y ejercer poder político y económico.

Cuerpo del texto enviado al Cabildo Eclesiastico:

“El Capitán Don Joseph Diez de la Barrera vecino de esta Villa de Colima, digo que ayer martes que se contaron diez y nueve de este presente mes de octubre; como a las tres de la tarde llegó a mi hacienda, estando yo en esta Villa con toda mi familia donde es mi asistencia; el Bachiller Ambrosio de Loaisa Trujillo cura Beneficiado por su Majestad del partido de San Joseph Tecolapa y Valle de Caxitlán donde esta dicha mi hacienda de palmas llamada San Joseph Zapotlanejo y habiéndose apeado de la bestia, llamó a los indios que traía ´por guia y les pidió la Sobrepelliz y se la puso. Y pidió lumbre y encendió una vela de cera que traía y la dio a tener a Nicolás de de Vitoria sirviente de dicha hacienda y al mayordomo de ella que es Juan de Fuentes le pidió que sacase una santa cruz, el cual la trajo al patio de la dicha hacienda a donde estaba dicho Beneficiado y sacando el manual y agua bendita que traia en un calabacillo, empezo a leer en latin que lo mas que entendieron todos los sirvientes fue "Dathan y Biron" y empezo a hechar muchas maldiciones a mí, a mi esposa e hijos, criados y hacienda, escupiendo y echando agua bendita, diciendo, nos descomulgaba a nosotros y a todos los cristianos sirvientes en dicha hacienda y a la misma hacienda y casas. Y a este tiempo apago la candela en un horcon de dicha casa con mucho enojo, dando muestras de habernos anatemisado y dandoselo a entender a dichos sirvientes y mas con algunas ceremonias que hizo, que nos enseña nuestra madre La Santa Iglesia, y diciendo a dichos sirvientes que quedaban excomulgados y que si cultivaban las palmas y les sucedia una desgracia, los habia de tirar en el campo y no darles sepultura eclesiastica, cosa que los ha aterrado y tanto que me han despoblado la hacienda con grande perdida y menoscabo que perdera el diezmo por ser hacienda cuantiosa y esto sin mas causa que haber hecho notoria siendo yo, Alcalde Mayor de esta provincia, una Real Cedula sobrecartada en que manda su Majestad a las justicias, con pena de quinientos pesos, no consientan traer a los ministros de doctrina, ministros con varas altas, y no sera razon que habiendo sugerido esto un año ha (hace) poco mas o menos, sin causa ninguna en la ocasion y ser yo, vasallo leal y ministro que era yo entonces de la Real Justicia y obedecer los mandatos de mi Rey y Señor que Dios guarde, se me haga tan grande perjuicio”.

Por todo lo cual, se ha de servir Vuestra Merced, de recibirme información que ofrezco y que los testigos declaren bajo de censura al hacer esta mi petición, la verdad y dada condenar a dicho Beneficiado en las penas en que por derecho hubiera incurrido, pues dado caso que yo hubiera incurrido en algo, no es juez competente para anatemizarme apagando candela, a mí, mi esposa e hijos, estando en esta Villa, y a la gente y hacienda dándoles a entender que quedaban anatemizados, de lo cual se me vinieron luego, al instante, a dar noticia dos de ellos, como lo fue el mayordomo y otro sirviente, asimismo despachar mandamiento o recaudo a la dicha mi hacienda para que les den a entender por ser gente ignorante, no están excomulgados por no haber sido por juez competente ni haber causa para ello y que me pague todos los daños, pérdidas y menoscabos que hubiera tenido.

Los cuales protesto y alegar todo más que a mi derecho convenga, deba y pueda. 

A Vuestra Merced, pido y suplico, se sirva de proceder en justicia.

Firma: Joseph Diez de la Barrera

 Conclusión: Cuando la Ley se impuso al Miedo

El desenlace de este conflicto marca un hito importante en la historia administrativa y religiosa de Colima. Al final, el Cabildo Eclesiástico del Obispado de Michoacán no sólo escuchó las quejas del hacendado, sino que ordenó una investigación exhaustiva que terminó dándole la razón a Diez de la Barrera.

¿Qué nos enseña este caso hoy?

El límite del poder espiritual: El veredicto del Obispado dejó claro que los rituales sagrados no podían ser utilizados como herramientas de extorsión personal o política.

La importancia de la jerarquía: A pesar de la gran influencia del clero, existían mecanismos legales y superiores eclesiásticos que velaban por el orden y evitaban que los curas de pueblo actuaran como jueces absolutos.  

Resiliencia económica: La Iglesia, interesada en el cobro de diezmos, no podía permitir que el capricho de un clérigo destruyera una "hacienda cuantiosa".

Justicia Eclesiástica: A pesar de la influencia del clero, el Cabildo de Michoacán actuó para corregir los abusos de sus propios ministros, protegiendo tanto la ley como la economía de la región.

Restauración del orden: El Capitán logró que se aclarara a sus trabajadores que, a pesar de las velas apagadas y las maldiciones, seguían formando parte de la comunidad cristiana.  

Finalmente, la justicia logró apagar el fuego del fanatismo que el cura Loaisa intentó encender en Caxitlán.


martes, 31 de marzo de 2026

 El Oro Blanco de Colima: Historia del Real de Salinas de San Pantaleón


En esta entrega para la revista “Colima en el Tiempo”, los invito a realizar un viaje al pasado para descubrir los orígenes de una de las actividades económicas más antiguas y emblemáticas de nuestra región: la producción de sal.

 

A través de la lectura de documentos antiguos, exploramos cómo los pueblos indígenas de Tequepa y Petlazoneca dominaron los esteros entre los ríos Coahuayana y Armería mucho antes de la llegada de los conquistadores.


¿Que encontrarás en este artículo?


  • Raíces Prehispánicas: La evolución de la sal como tributo y motor comercial en la costa colimense.


  • La fascinante historia de la fundación de la primera capilla en 1633, bajo el patronazgo de San Pantaleón, para brindar auxilio espiritual a los salineros ante los peligros de muerte a que se exponian por piquetes de alacrán, mordedura de víboras y ataques de los feroces caimanes.


  • Conflictos y Tradición: Las disputas territoriales por la ubicación de la capilla y como la comunidad defendió su “licencia perpetua” durante más de 140 años.


Este documento cuya paleografia fue realizada por Carlos Gómez Mayo no solo rescata datos técnicos, sino que rinde homenaje a la primera asociación de salineros en lo que hoy es el estado más bello de nuestro país.


La producción de sal en Colima … es una actividad que se inició en la época prehispánica y que sigue realizándose hasta el día de hoy.


Para visualizar el documento da clic en el siguiente enlace:


CGT_04_05.pdf - Google Drive



lunes, 30 de marzo de 2026

 Iztlahuacán y sus Pueblos (1778): Un rescate documental del Occidente Mexicano



Sinopsis:


Presentamos la edición digital y paleografía de la “Descripción Geográfica de la Parroquia de Iztlahuacán” redactada originalmente en 1778 por el Br. Juan José Morales. Este documento es considerado el primer estudio botánico de la región costera del Pacifico mexicano, abarcando territorios que hoy pertenecen a Colima y Michoacán. A través de esta transcripción, el lector podrá explorar detalles muy importantes y valiosos sobre la geografía, mineralogía y la vasta historia natural de finales del siglo XVIII, desde la flora medicinal hasta la fauna exótica de los ríos Tlacuahuallana y Cautlán. Un recurso indispensable para conocer el pasado colonial de nuestra región. Además de lo anterior, también nos ofrece datos de los vestigios de los pueblos extintos, la indumentaria indigena y la manera en la que se realizaban las labores agrícolas en los pueblos de su jurisdicción.

Al realizar la transcripción paleográfica adapte los términos antiguos al español moderno para facilitar la lectura del texto, respetando los nombres originales de las plantas y animales para conservar su valor histórico. 

La historia es un patrimonio del pueblo y su difusión no debe convertirse en un negocio es por esa razón que comparto de manera gratuita mis trabajos de investigación con ustedes para que puedan utilizarlos en la elaboración de sus trabajos escolares.


Aquí tienen el link de descarga: Iztlahuacan 1778 (2).pdf - Google Drive


⚠️ Aviso de Propiedad Intelectual:

Este libro digital es una obra original de Carlos Gómez Mayo. Está protegido por derechos de autor y se distribuye bajo una licencia Creative Commons (BY-NC-ND).

🚫 Prohibido: No está permitida la descarga para su reventa, modificación o publicación en plataformas externas (como Scribd o Wattpad) sin autorización expresa del autor.

✅ Permitido: Puedes compartir el enlace directo a esta entrada de blog con tus amigos o en redes sociales para que más personas disfruten del contenido.

Si encuentras este material en otro sitio web, por favor infórmanos para proteger el trabajo independiente.



lunes, 23 de marzo de 2026

 

Rescatando el silencio: La historia perdida de la Guava




Bienvenido/a a este espacio. Hoy quiero compartir con ustedes un proyecto que me ha mantenido inmerso durante los últimos tres meses en una búsqueda incansable a través de archivos históricos y documentos olvidados. 


“La Extinción del Curato y Pueblo de La Guava” no es solo un ensayo; es el resultado de un esfuerzo por reconstruir la trayectoria de una comunidad indígena en la costa de Michoacán que fue borrada del mapa y de la memoria colectiva en el siglo XVIII.


A través de estas páginas, exploraremos:


  • La vida cotidiana y la geografía de un pueblo desaparecido.


  • Los procesos de congregación y la resistencia cultural.


  • El dramático episodio de 1727, donde el fuego y la demolición marcaron el fin de una era.


La etnohistoria nos permite devolverle el rostro a quienes el tiempo intentó invisibilizar.

Espero que esta lectura les resulte tan fascinante como a mí me resultó el proceso de investigación.


Lectura y descarga


Puedes consultar el libro completo de forma gratuita en el siguiente enlace (solo lectura):


https://drive.google.com/.../1u8nKwWSpQnbBhVqvSi9.../view...

⚠️ Aviso de Propiedad Intelectual:

Este libro digital es una obra original de Carlos Gómez Mayo. Está protegido por derechos de autor y se distribuye bajo una licencia Creative Commons (BY-NC-ND).

🚫 Prohibido: No está permitida la descarga para su reventa, modificación o publicación en plataformas externas (como Scribd o Wattpad) sin autorización expresa del autor.

✅ Permitido: Puedes compartir el enlace directo a esta entrada de blog con tus amigos o en redes sociales para que más personas disfruten del contenido.

Si encuentras este material en otro sitio web, por favor infórmanos para proteger el trabajo independiente.



domingo, 22 de marzo de 2026

                              Coahuayana: La Leyenda de la Maringola



Sinopsis: El susurro eterno entre el olvido y la venganza


En las tierras cálidas de lo que hoy son Colima y Coahuayana, Michoacán; donde los volcanes custodian los secretos del pasado, late una historia que el tiempo no ha podido borrar. No es solo el relato de un amor prohibido en el siglo XVII; es la crónica de una pasión que desafió las castas, las leyes de la Iglesia y la crueldad de los hombres.


¿Qué sucede cuando un amor es tan vasto que ni la muerte ni la injusticia lograron sofocarlo?


Hoy nos adentramos en la leyenda de Don Luis de Solórzano y Mariche, una hermosa mujer cuyo nombre pasó de ser un susurro enamorado a un grito de justicia en la oscuridad: la Maringola. Entre huertas de cacao, arroyos de aguas cristalinas y un pacto sellado en el umbral del infierno, les presento una versión literaria de este mito fundacional que todavía hoy, bajo el amparo de la luna, hace eco en el galope de un jinete fantasma y el llanto de una sombra blanca que aguarda al pie del camino.


Acompáñenme a descubrir por qué, en el cruce de los viejos caminos del Camalote, Palos Marías y Achotán, el destino sigue siendo una condena que se repite año tras año.


I. Mariche: Entre el Cielo y el Infierno 


En el año de gracia de 1616, la Villa de San Sebastián de Colima apenas era un puñado de noventa casonas que exhalaban el polvo de la historia. Cada domingo, el silencio de sus calles se rompía con el rítmico latir del tianguis; un caleidoscopio donde las sedas y tafetanes de la Nao de China, vestidos por altivas españolas, chocaban con la pureza del algodón de los huipiles indígenas. 


Entre el olor a incienso de la misa y el aroma a cacao fresco, el amor solía manifestarse en el vuelo de un pañuelo caído, desafiando la mirada inquisidora de una sociedad encadenada al prejuicio.


Pero tras los muros de una de las fincas más ricas, el aire era denso y amargo. Doña Mariana de Silva, sentada en su trono de madera labrada, contemplaba la silueta azul de los volcanes mientras las lágrimas surcaban su rostro ajado por el desdén. Don Luis, su esposo, le había arrebatado el sueño. Ya no era el deseo fugaz por una mulata lo que la hería; esta vez, el corazón de su marido le pertenecía a una india.


Amaneció bajo un llanto de nubes. Mariana sostenía una infusión de canela, intentando calentar un alma que el hielo de los celos había cristalizado. —Qué fácil es para un hombre saltar del paraíso al infierno sobre las ruinas de los sueños de una mujer— pensó, mientras observaba la silueta de la iglesia recortada contra el cielo plomizo.


Decidida a transformar su dolor en justicia —o en una venganza con aroma a incienso—, cruzó las calles anegadas hasta la sacristía. Allí, frente al Bachiller Barroso de Vera, un hombre de gestos suaves pero juicio severo, Mariana desnudó su tragedia: don Luis de Solórzano mantenía un amasiato escandaloso con María de Arciniega, a quien todos llamaban Mariche.

El sacerdote, buscando una salida terrenal, sugirió el divorcio. Pero Mariana, presa de su propio orgullo, se negó. No entregaría su fortuna ni permitiría que las damas de la villa se burlaran de verla suplantada por alguien que ella consideraba de «raza inferior». Así, en un pacto sellado entre la desilusión y el dogma, condenaron a los amantes al destierro de la ley.

Mariche quedaban bajo juicio por amancebamiento. Ella se entregó con la mansedumbre de quien nada teme porque ya lo ha dado todo, y fue encerrada en casa de Hernando de Betancourt, bajo pena de excomunión para quien osara romper su silencio. Pero el amor no entiende de rejas ni de multas de oro.

Bajo el amparo de las sombras, don Luis se convirtió en un fantasma que desafiaba a Dios y al Rey. Ayudado por su propio hijo, Cristóbal, lograba burlar la vigilancia para fundirse en los brazos de Mariche. Se decía que en su cercana huerta de Xicotlán vivían como si el mundo no existiera, y que él la llevaba en las ancas de su caballo por todos los pueblos cercanos con el orgullo de quien porta una corona, recorriendo juntos en muchas ocasiones  las playas del Mar del Sur.

Cuando el tribunal eclesiástico mandó llamar a Mariche para su confesión, sólo encontraron una habitación vacía. Había escapado hacia la libertad del monte. Durante cuatro meses, la pareja vivió a salto de mata, convirtiendo la adversidad en el combustible de su pasión.

—Mira, Luis, yo soy rica— le decía ella arropada por el manto de las estrellas. —Tengo el sol que me calienta, la luna que me guía y una madre tierra que me alimenta. ¿Que más puedo pedir? Nada de eso me lo quita la fortuna de tu esposa. Solo me faltabas tú para que mi vida fuera un canto divino completo.—

Mariche no poseía los lujos de Mariana, pero su risa era un rayo de luz que disipaba las tinieblas dentro del alma de Don Luis. Él, que en su esposa solo encontraba vanidad y exigencias, halló en la india la paz de los arroyos y la fuerza de la tierra.Sí, era un amor genuino que se enraizó poco a poco muy dentro de su corazón.

II. El Beso de la Despedida y la Sombra de la Traición

Los meses más dulces de sus vidas transcurrieron en el Valle de Alima, conocido ahora como Coahuayana; un edén donde el tiempo parecía haberse detenido para protegerlos. Entre las huertas de cacao de Achotán y la estancia ganadera de Chacalapa, Luis y Mariche vivieron un idilio que desafiaba a la Corona y a la Iglesia. Sin embargo, el destino, celoso de una felicidad tan pura, comenzó a tejer su red de sombras.

Un día, la necesidad —esa mano invisible de los negocios— obligó a Don Luis a partir hacia Xicotlán. Mariche, cuyo instinto estaba anclado a la tierra y a los presagios, le suplicó que no se marchara. Antes de montar, se fundieron en un beso desesperado, un roce de labios que sabía a despedida eterna, como si ambos presintieran que sus almas no volverían a tocarse en este plano de los vivos.

Tras diez horas de cabalgar por veredas serpenteantes, el agotamiento rindió a Don Luis. Al llegar a su casa en la huerta, el sueño lo venció apenas tocó el lecho. No despertó con el canto de las aves, sino con el frío metal de los grillos apresando sus manos. Las autoridades, agazapadas como lobos, lo espiaron y lo capturaron para llevarlo a una fría y lúgubre celda en la Villa de Colima de la que jamás saldría con vida.

III. El Martirio en el arroyo de Amatique

Mientras Don Luis languidecía tras las rejas, el Alcalde Mayor, Renato de Ibarra, movido por el miedo a perder su prestigio ante la Real Audiencia, ordenó una cacería clandestina. Sus alguaciles, hombres de alma oscura y manos manchadas de sangre, rastrearon a Mariche y transgrediendo los límites de su jurisdicción penetraron como delincuentes al territorio de la Alcaldía de Motines.

La encontraron en lo que ahora conocemos como el Tanque de Mendoza, un paraje de vegetación exuberante donde el agua del arroyo Amatique corre cristalina. Mariche se bañaba, ajena al mal que acechaba entre los helechos. Al ver su cuerpo desnudo, por el que corrían gotas de líquido vivificante que la besaban con deleite bajo el sol complice del mediodía; la lascivia suplantó a la ley. Aquellos hombres, la capturaron y como bestias en brama, abusaron de ella repetidamente. Ni sus lágrimas ni sus ruegos conmovieron sus corazones de piedra.

Para silenciar su crimen, decidieron que la muerte era la única cómplice segura. Mientras preparaban el lazo para ahorcarla, Mariche, sintiéndose abandonada por el Dios de los blancos, lanzó un grito que estremeció la selva. En su lengua materna, el náhuatl, ofreció su alma al señor de las tinieblas a cambio de una sola cosa: venganza. Pidió retornar de la muerte para dar caza a todos los hombres de bajos instintos que osaran cruzarse en su camino.

IV. La Eternidad de la Maringola

La petición fue escuchada. Don Luis murió en su celda, llamando a Mariche entre susurros, rogando a Cristo que la protegiera sin saber que ella ya era parte del mundo de las sombras. Desde entonces, el amor que se tuvieron se convirtió en un eco que atraviesa los siglos.

Dicen los lugareños que, una vez al año, el silencio de la noche en el viejo camino entre Achotán y El Camalote se rompe por el galope rítmico de un caballo invisible. Es el fantasma de un hombre vestido a la usanza antigua, que cabalga con el corazón roto buscando a su amada. Al pie de un árbol colosal, una joven vestida de blanco lo espera llorando sin consuelo.

Pero la tragedia no termina ahí. En un acto de crueldad infinita, el diablo se manifiesta en la cima de un cerro cercano. Con una carcajada que hiela la sangre, permite que los amantes se vean a la distancia, y cuando ya están cerca el uno del otro les impide tocarse, manteniendo vivo el hechizo de su separación.

Hoy, a Mariche ya no se le llama por su nombre, sino por el que infunde terror en los malvados: La Maringola. Su risa, que antes fue luz para Don Luis, es ahora un anuncio de muerte para los violadores y asesinos que se atreven a profanar sus dominios bajo el manto de la noche.

Reflexión Final: El Eco de lo Injusto

Al final, la leyenda de Mariche es mucho más que un relato de aparecidos en los caminos de Michoacán. Es el recordatorio de que el amor, cuando es genuino, no entiende de jerarquías ni de leyes impuestas, pero también es el testimonio de cómo el dolor y la injusticia pueden transformar la pureza en una fuerza implacable de justicia.

Hoy, cuando el viento sopla entre los árboles de chico y el eco de un galope lejano nos eriza la piel, no debemos sentir miedo por los fantasmas, sino por la oscuridad que aún habita en el corazón humano. Mariche, o la Maringola, no es una villana; es la guardiana de una verdad que la historia oficial intentó borrar. Mientras don Luis siga cabalgando y ella siga esperando bajo el árbol, su historia nos seguirá diciendo que, aunque el diablo se interponga en el cerro, hay sentimientos que son, sencillamente, eternos.

¿Y usted, alguna vez ha sentido esa presencia en la oscuridad del camino? Los leo en los comentarios.

“Escrito por Carlos Gómez Mayo, rescatando las voces de nuestro pasado para las nuevas generaciones digitales.”


miércoles, 18 de marzo de 2026

 Coahuayana: Los Misioneros de 1778, Una Luz de Esperanza y Redención

Eje Tematico: Religión en la Costa Michoacana


Periodo: Siglo XVIII





Sinopsis: "En 1778, el silencio de las rancherías de Tlacuahuallan se vio interrumpido por el marrón de los hábitos franciscanos. Entre chozas de zacate y el calor húmedo de la costa michoacana, tres frailes iniciaron una labor que transformaría para siempre la estructura social y espiritual de la región. Esta es la crónica de un encuentro de mundos bajo el resplandor del sol a mediodía, donde la fe y la resistencia se tejieron bajo la sombra de la Sierra Madre."


Habían pasado apenas 19 años, desde el dia de la fundación de Coahuayana, cuando la fortuna, la siempre caprichosa fortuna condujo los pasos de Fray Juan Domingo Arricivita a esta zona de la costa michoacana, lo que le permitió ser testigo y partícipe directo de los hechos que observó y anotó en y  fueron publicados 14 años más adelante, en las páginas 596 y 597 de su magnífica obra CRÓNICA SERÁFICA Y APOSTÓLICA DEL COLEGIO DE PROPAGANDA FIDE DE LA SANTA CRUZ DE QUERÉTARO DE LA NUEVA ESPAÑA, publicada en 1792 por Don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, que dice lo siguiente: 


 " Por septiembre del año del setenta y ocho salió del Colegio el Padre Comisario y Prefecto de las Misiones, en cumplimiento de sus oficios, con otros dos Compañeros, y no teniendo lugar destinado para exercitar el ministerio, se presentó al Illmo. Señor Obispo, para que les enviara a donde le pareciera más necesario, lo que S. Illma. hizo por un Despacho que les dio para los Curas en el que se dice: " Acordamos destinarlos a la Villa de Colima, sus inmediatas Jurisdicciones; y aun las más remotas que caen a la parte del Sur; porque no sin dolor de nuestro corazón, estamos cerciorados, así de la corrupción de costumbres y escándalos que se experimentan en la expresada Villa, como de que no hay memoria entre los actuales vivientes, de que en muchos de los mencionados territorios se haya hecho alguna misión evangélica". Salieron los Misioneros de Valladolid, y caminando con doblados trabajos por la continuación de las lluvias, se vieron precisados a hacer misión en Vaniqueo, a la que acudieron de todos aquellos contornos y en treinta días trabajaron incesantes en el Púlpito y Confesionario."

"De allí prosiguieron a su destino, y muy cerca ya de Colima, supieron que hacía la Costa y veinte leguas de distancia, había una Población de gente sin Sacerdote ni Doctrina, y viviendo en una libertad casi pagana; y siendo muy cálido su clima, determinaron lograr el Invierno, como tiempo  más oportuno para socorrer la urgente necesidad de aquellas almas. Por muy incómodos caminos y plagas del temperamento llegaron al paraje que llaman Tlacahuallan, (nombre antiguo del pueblo de Coahuayana) y fueron recibidos con mucha veneración de los viejos, y admiración de los mozos, casi espantados de ver el trage de los Religiosos, y algunos preguntaban a sus padres si aquellos hombres era Christianos. Esta es una Colonia que tuvo principio por haber dado fondo en un Puerto que llaman San Telmo, que está en el bogeo de la costa que baxa a Acapulco, una embarcación Francesa, el año de setecientos quarenta y seis, por lo que mandó el Señor Virrey se pusiese para resguardo una Compañía de Lanceros. Esta se estableció como seis leguas de la Costa al pie de un altísimo cerro que sirve de vigía, y a orillas de un río que arriba llaman de Tuzpa; y sembrando algodón en los pedazos de tierra que desmontan, se da de muy buena calidad, y con abundancia, por lo que todos los años tienen su feria, a la que acuden muchos, y de ellos se quedan bastantes en la misma negociación: pero son muchos más los que se agregan de todas clases, castas y condiciones, o por la impunidad que allí tienen, o por la libertad que el parage les franquea, pues dispersos por aquellos montes, se aprovechan de las frutas de la tierra, maíz que todo el año se da, y la tuba y aguardiente de coco que hacen, y asi, viven dueños de su albedrío, sin Rey y sin Pastor, ni oir Misa, y sin socorro espiritual de sus almas. Consiste esto, en que siendo muchas y muy graves las enfermedades que les causa el sumo calor, las frutas y desordenadas vidas; cuando se ven agravados de ellas, son muchas las dificultades que se ofrecen para que el Cura de Iztlahuacan, que es el más cercano, y dista diez leguas, pueda ir a confesarlos, por lo que muchos mueren sin Sacramentos, o ya porque el Cura no puede asistirlos, o porque los caminos se ponen intransitables por las lluvias, o ya porque el caudaloso y rápido río no da en muchos meses vado. El mismo peligro tienen las mugeres en sus malos partos; las criaturas que nacen enfermas, pues aunque alguno de aquellos las bauticen, como todos carecen de instrucción y doctrina, es preciso que en estos casos se ofrezcan muchas dudas; y todos aquellos habitadores en los repentinos accidentes de animales ponzoñosos, caídas y otros desastres que son muy continuos, mueren sin socorro espiritual alguno."


"Todas estas circunstancias hicieron que la misión fuese muy fructuosa, y que las voces de los Misioneros en aquellos desiertos hiciera entrar en los caminos de los divinos preceptos a tantos descaminados Christianos. Todos oían con asombro, los sermones, doctrinas y exemplos, y cómo los Padres les decían que no habían de salir de allí hasta que todos se confesaran, lo hacían con toda diligencia; y era de admirar que dormían a la puerta de la Capilla para conseguir lugar en el Confesionario, y todos asistían a la Misa, Via-Crucis y otras devociones con empeño, y el ver la frequencia de los Santos Sacramentos, con muestras de dolor y arrepentimiento de sus culpas. Ni los que estaban por aquellos montes imposibilitados y enfermos, quedaron sin consuelo, pues iban los Misioneros a confesarlos y olearlos en sus Ranchos, de los quales enterraron algunos, bautizaron los párvulos, y casaron algunos, con la licencia de su Párroco. Resonó el clarín del Evangelio por todos aquellos páramos, y a sus voces baxaron muchos de Maquili y Pomaro, todos con el anhelo de oir los sermones y confesarse, y lo mismo hacían los de la costa abaxo, viniendo de más de quince leguas por caminos muy fragosos, y entre ellos un Español de más de cien años: de suerte, que en el mes que duró la misión, se confesaron y comulgaron más de setecientas personas."


"Mucho dolor era dexar a tantas almas en el desamparo que antes estaban, sin doctrina, ni Sacramentos, y para solicitarles el remedio le hizo el Padre Comisario al Capitán, que le formara un exacto padrón de todos los que allí estaban agregados, poniendo en él sus estados, sexos y edades, y por el resulto haber en el vecindario de Tlacahuallan, noventa y dos familias de casados, y que estos, sus hijos, viudos, viudas, sus hijos y los solteros componían trescientas y nueve personas. Con esta razón, y la expresión de la distancia al Cura mas cercano, y de las dificultades que había para el socorro de aquellas almas, y los peligros en que estaban de perder su eterna salud, consulto al Ilmo. Señor Obispo, suplicándole se sirviese de ponerles allí un Ministro de pie fixo, pues aquellos habitadores contribuian suficiente congrua a su manutención. Su Illma. mando formalizar el expediente, y por el ordenó que fuese un Sacerdote que como Vicario del inmediato Cura, estuviese allí de pie, y administrase los Santos Sacramentos a aquellos Colonos, lo que se executo, y hasta el dia presente dura."


Comentario Final:


"Mirar esta recreación de 1778 nos permite entender que la historia de Coahuayana no se escribió solo con decretos reales, sino con el contacto humano directo. Los frailes franciscanos no solo llevaron la confesión; trajeron consigo una nueva organización que, para bien o para mal, cimento las bases de nuestra identidad actual y nos dejaron, tal vez el culto a San José nuestro santo patronal. Rescatar estos momentos del olvido es devolverle el rostro a nuestros antepasados, quienes, entre el mar y la montaña, comenzaron a forjar el destino de lo que hoy llamamos hogar."