miércoles, 18 de marzo de 2026

 Coahuayana: Los Misioneros de 1778, Una Luz de Esperanza y Redención

Eje Tematico: Religión en la Costa Michoacana


Periodo: Siglo XVIII





Sinopsis: "En 1778, el silencio de las rancherías de Tlacuahuallan se vio interrumpido por el marrón de los hábitos franciscanos. Entre chozas de zacate y el calor húmedo de la costa michoacana, tres frailes iniciaron una labor que transformaría para siempre la estructura social y espiritual de la región. Esta es la crónica de un encuentro de mundos bajo el resplandor del sol a mediodía, donde la fe y la resistencia se tejieron bajo la sombra de la Sierra Madre."


Habían pasado apenas 19 años, desde el dia de la fundación de Coahuayana, cuando la fortuna, la siempre caprichosa fortuna condujo los pasos de Fray Juan Domingo Arricivita a esta zona de la costa michoacana, lo que le permitió ser testigo y partícipe directo de los hechos que observó y anotó en y  fueron publicados 14 años más adelante, en las páginas 596 y 597 de su magnífica obra CRÓNICA SERÁFICA Y APOSTÓLICA DEL COLEGIO DE PROPAGANDA FIDE DE LA SANTA CRUZ DE QUERÉTARO DE LA NUEVA ESPAÑA, publicada en 1792 por Don Felipe de Zúñiga y Ontiveros, que dice lo siguiente: 


 " Por septiembre del año del setenta y ocho salió del Colegio el Padre Comisario y Prefecto de las Misiones, en cumplimiento de sus oficios, con otros dos Compañeros, y no teniendo lugar destinado para exercitar el ministerio, se presentó al Illmo. Señor Obispo, para que les enviara a donde le pareciera más necesario, lo que S. Illma. hizo por un Despacho que les dio para los Curas en el que se dice: " Acordamos destinarlos a la Villa de Colima, sus inmediatas Jurisdicciones; y aun las más remotas que caen a la parte del Sur; porque no sin dolor de nuestro corazón, estamos cerciorados, así de la corrupción de costumbres y escándalos que se experimentan en la expresada Villa, como de que no hay memoria entre los actuales vivientes, de que en muchos de los mencionados territorios se haya hecho alguna misión evangélica". Salieron los Misioneros de Valladolid, y caminando con doblados trabajos por la continuación de las lluvias, se vieron precisados a hacer misión en Vaniqueo, a la que acudieron de todos aquellos contornos y en treinta días trabajaron incesantes en el Púlpito y Confesionario."

"De allí prosiguieron a su destino, y muy cerca ya de Colima, supieron que hacía la Costa y veinte leguas de distancia, había una Población de gente sin Sacerdote ni Doctrina, y viviendo en una libertad casi pagana; y siendo muy cálido su clima, determinaron lograr el Invierno, como tiempo  más oportuno para socorrer la urgente necesidad de aquellas almas. Por muy incómodos caminos y plagas del temperamento llegaron al paraje que llaman Tlacahuallan, (nombre antiguo del pueblo de Coahuayana) y fueron recibidos con mucha veneración de los viejos, y admiración de los mozos, casi espantados de ver el trage de los Religiosos, y algunos preguntaban a sus padres si aquellos hombres era Christianos. Esta es una Colonia que tuvo principio por haber dado fondo en un Puerto que llaman San Telmo, que está en el bogeo de la costa que baxa a Acapulco, una embarcación Francesa, el año de setecientos quarenta y seis, por lo que mandó el Señor Virrey se pusiese para resguardo una Compañía de Lanceros. Esta se estableció como seis leguas de la Costa al pie de un altísimo cerro que sirve de vigía, y a orillas de un río que arriba llaman de Tuzpa; y sembrando algodón en los pedazos de tierra que desmontan, se da de muy buena calidad, y con abundancia, por lo que todos los años tienen su feria, a la que acuden muchos, y de ellos se quedan bastantes en la misma negociación: pero son muchos más los que se agregan de todas clases, castas y condiciones, o por la impunidad que allí tienen, o por la libertad que el parage les franquea, pues dispersos por aquellos montes, se aprovechan de las frutas de la tierra, maíz que todo el año se da, y la tuba y aguardiente de coco que hacen, y asi, viven dueños de su albedrío, sin Rey y sin Pastor, ni oir Misa, y sin socorro espiritual de sus almas. Consiste esto, en que siendo muchas y muy graves las enfermedades que les causa el sumo calor, las frutas y desordenadas vidas; cuando se ven agravados de ellas, son muchas las dificultades que se ofrecen para que el Cura de Iztlahuacan, que es el más cercano, y dista diez leguas, pueda ir a confesarlos, por lo que muchos mueren sin Sacramentos, o ya porque el Cura no puede asistirlos, o porque los caminos se ponen intransitables por las lluvias, o ya porque el caudaloso y rápido río no da en muchos meses vado. El mismo peligro tienen las mugeres en sus malos partos; las criaturas que nacen enfermas, pues aunque alguno de aquellos las bauticen, como todos carecen de instrucción y doctrina, es preciso que en estos casos se ofrezcan muchas dudas; y todos aquellos habitadores en los repentinos accidentes de animales ponzoñosos, caídas y otros desastres que son muy continuos, mueren sin socorro espiritual alguno."


"Todas estas circunstancias hicieron que la misión fuese muy fructuosa, y que las voces de los Misioneros en aquellos desiertos hiciera entrar en los caminos de los divinos preceptos a tantos descaminados Christianos. Todos oían con asombro, los sermones, doctrinas y exemplos, y cómo los Padres les decían que no habían de salir de allí hasta que todos se confesaran, lo hacían con toda diligencia; y era de admirar que dormían a la puerta de la Capilla para conseguir lugar en el Confesionario, y todos asistían a la Misa, Via-Crucis y otras devociones con empeño, y el ver la frequencia de los Santos Sacramentos, con muestras de dolor y arrepentimiento de sus culpas. Ni los que estaban por aquellos montes imposibilitados y enfermos, quedaron sin consuelo, pues iban los Misioneros a confesarlos y olearlos en sus Ranchos, de los quales enterraron algunos, bautizaron los párvulos, y casaron algunos, con la licencia de su Párroco. Resonó el clarín del Evangelio por todos aquellos páramos, y a sus voces baxaron muchos de Maquili y Pomaro, todos con el anhelo de oir los sermones y confesarse, y lo mismo hacían los de la costa abaxo, viniendo de más de quince leguas por caminos muy fragosos, y entre ellos un Español de más de cien años: de suerte, que en el mes que duró la misión, se confesaron y comulgaron más de setecientas personas."


"Mucho dolor era dexar a tantas almas en el desamparo que antes estaban, sin doctrina, ni Sacramentos, y para solicitarles el remedio le hizo el Padre Comisario al Capitán, que le formara un exacto padrón de todos los que allí estaban agregados, poniendo en él sus estados, sexos y edades, y por el resulto haber en el vecindario de Tlacahuallan, noventa y dos familias de casados, y que estos, sus hijos, viudos, viudas, sus hijos y los solteros componían trescientas y nueve personas. Con esta razón, y la expresión de la distancia al Cura mas cercano, y de las dificultades que había para el socorro de aquellas almas, y los peligros en que estaban de perder su eterna salud, consulto al Ilmo. Señor Obispo, suplicándole se sirviese de ponerles allí un Ministro de pie fixo, pues aquellos habitadores contribuian suficiente congrua a su manutención. Su Illma. mando formalizar el expediente, y por el ordenó que fuese un Sacerdote que como Vicario del inmediato Cura, estuviese allí de pie, y administrase los Santos Sacramentos a aquellos Colonos, lo que se executo, y hasta el dia presente dura."


Comentario Final:


"Mirar esta recreación de 1778 nos permite entender que la historia de Coahuayana no se escribió solo con decretos reales, sino con el contacto humano directo. Los frailes franciscanos no solo llevaron la confesión; trajeron consigo una nueva organización que, para bien o para mal, cimento las bases de nuestra identidad actual y nos dejaron, tal vez el culto a San José nuestro santo patronal. Rescatar estos momentos del olvido es devolverle el rostro a nuestros antepasados, quienes, entre el mar y la montaña, comenzaron a forjar el destino de lo que hoy llamamos hogar."


No hay comentarios.:

Publicar un comentario